sábado, 30 de agosto de 2008

De vuelta a casa

Hola a tod@s!!!
Pues eso que ya estamos de nuevo por aquí. Hasta el lunes no comienza a currar Inés y yo de alguna manera también, ya que el lunes me reincorporo a jornada normal con un trabajo muy distinto al que hago durante el verano a turnos. Hoy, para despedirnos como se merece, de este mes de agosto, nos hemos dado una paliza de playa en Bolonia (muy recomendable si tenéis suerte con el viento).
Nos queda mañana para terminar de aclimatarnos y regresar al curro con la depre postvacacional propia de los que las habéis tenido (que no ha sido mi caso). No me quejo...
Nos estamos haciendo nos especialistas en la máquina de cocinar. Ayer preparamos unos calamares rellenos (sin pan ni harina ni cosas que engorden..) muy ricos. Os debo la receta con fotos la próxima vez que lo haga.
Besos y a disfrutar lo que se pueda...
Jesús Carlos.

domingo, 3 de agosto de 2008

UTOPÍA



Ese sueño que no se hizo realidad...

Por un razonable precio, si vuestro sueño es un pasar unos días tranquilos, en un Hotel de sólo 16 habitacíones, con un restaurante extraordinario en el que el Cheff (italospagnolo) es capaz de personalizarte el menú degustación, para que en dos días pruebes practicamente toda la carta, y con un servicio de habitaciones de los que pasan desapercibidos, pero por su magnífica atención (rosa y tarjeta una noche y cava con trufas la siguiente...), vuestro sueño puede hacerse realidad en Benalup Casas-Viejas.

Un pueblo perdido en la Sierra de Cádiz (tristemente famoso por los sucesos de Casas Viejas), a medio camino de ninguna parte y donde a nadie se le ocurriría ir en Agosto sin saber si hay piscina en el Hotel. Ya me conocéis, y por supuesto yo no necesitaba piscina, aunque tenerla nos alivió bastante y disfrutamos de ella sin tener que salir para nada del recinto. Aunque nadie lo diría por la foto, esta zona de cesped y piscina está situada encima del restaurante (!!!). Ingeniosa forma de sacar un enorme jardín entre las casas pequeñas que componen el Hotel.

Esa claraboya de la derecha da luz al escenario y restaurante que se sitúan justo debajo del jardín y en la que cada noche una actuación en directo nos amenizó el final de la cena y parte de la madrugada. El espacio es como un café del París de los años 30, casi un cabaret. La primera noche actuó un grupo madrileño (Arrivederchi Lola) que canta canciones de Sabina (mejor que él mismo) y la segunda Abraham Sevilla con flamenqueo moderno y algunos recuerdos al grupo Triana.


Las cenas fueron menús degustación casi personalizados para nosotros por Doménico y las comidas a la carta, pero a precios más que razonables si los calculamos en euros, que las pesetas ya no existen... Bacalao al pil-pil, foie con huevo escalfado sobre boletus, arroz con bogavante, pulpo asado, pargo con crema de grelos, carpaccio de atún (especialmente bueno en esta zona...) y unos postres que mejor no enumero para que no sufran los de las dietas...

Todas las habitaciones del Hotel son distintas y hacen referencia a un tema concreto de los años 30. En la nuestra, el árbol de las manzanas de oro del Jardín de las Hespérides, y varias ediciones de Utopía de Thomas Moore hacía las veces de cabecero de la cama. Un techo pintado como un cielo con preciosas nubes y un patio privado con alicatados como los del parque Well de Gaudi. Nos quedan 15 razones para repetir en sucesivos años.

El director del Hotel es un estudioso y enamorado de los años 30 y el hotel tiene un museo sonde se exponen objetos de esta década. Gramófonos, pasaportes de emigrantes a Argentina, prensa original de la guerra civil y mundial, certificados de defunciones de soldados en la Guerra Civil, etc.

Y a la vuelta a casa, hemos pasado el día con unos amigos en Zahara de los Atunes. Playa con bastante viento de levante y unos platos elaborados con atún que hace que merezca la pena sufrir el viento.


Ale... ya nos pongo más los dientes largos. Sólo han sido tres días, dos noches pero nos ha cundido mucho.

Besos
Jesús Carlos